Puntos clave:
Xenia Goldson, una asistente educativa jubilada de 71 años de edad, dice que durante años prestó muy poca atención a las señales de advertencia de la diabetes.
Un diagnóstico de diabetes tipo 2 la dejó enfrentando una vida de posibles consecuencias para la salud.
Hacer que las elecciones de un estilo de vida saludable sean parte de su rutina la ha ayudado a manejar su condición.
Xenia Goldson sabía que su madre luchó contra la diabetes antes de morir en su país de origen, Panamá, país del que Xenia se marchó a los 16 años de edad para vivir con su padre en los Estados Unidos, pero durante décadas, dice, pensó poco en lo que podría significar para ella.
Xenia, una asistente educativa jubilada de una escuela pública de Nueva York de 71 años de edad, dijo que también sabía que su hermana menor tenía diabetes, pero rara vez era un problema de salud visible.
Y cuando Xenia enfrentó la diabetes gestacional cuando estaba embarazada, los médicos dijeron que desaparecería. No sabía que podría aumentar su riesgo de diabetes tipo 2, que ya era importante debido a sus antecedentes familiares y su amor por los alimentos dulces.
Incluso cuando le diagnosticaron diabetes tipo 2 hace más de una década, durante el tratamiento del cáncer de mama, el tratamiento de la afección pasó a un segundo plano en medio de preocupaciones más graves.
Mientras tanto, la diabetes tipo 2, que representa hasta el 95% de los diagnósticos de diabetes y ocurre cuando el cuerpo no produce suficiente insulina o tiene resistencia a la insulina que aumenta el nivel de azúcar en la sangre, estaba pasando factura.
“Todavía no comprendía completamente las profundidades de esta enfermedad”, dice Xenia. “Tuve que aprender esto de la manera difícil”.
En 2013, la diabetes de Xenia jugó un papel en su insuficiencia renal, de la que ya se recuperó. Ese año, también le diagnosticaron un glaucoma relacionado con la diabetes, que sigue padeciendo.
Desde entonces, ha hecho grandes cambios en su salud y estilo de vida, pero la diabetes significa una vida de vigilancia, medicamentos y desafíos, dice ella. Eso incluye atención médica costosa para mantener la condición bajo control, otra realidad que desearía haber comprendido antes.
Aquí hay 10 cosas que Xenia desearía que la gente supiera sobre la diabetes tipo 2.
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1. Escuche las advertencias y conozca su historia familiar
Por lo general, la diabetes tipo 2 se desarrolla con el tiempo y la mayoría de las personas con diabetes leve o temprana no tienen ningún síntoma. Eso hace que las evaluaciones periódicas sean importantes.
Sin embargo, mirando hacia atrás, Xenia dice que no vio las señales de advertencia. También dice que no entendió el alcance de los hábitos peligrosos, como usar cinco paquetes de azúcar en un café o comer demasiadas galletas integrales y otras delicias azucaradas.
“Seguía revisando cosas en mi cabeza. ¿Escuchaste a la gente? ¿Escuchaste cuando te dijeron que tu azúcar estaba alta?”, dice.
Si bien el aumento de peso, los bajos niveles de actividad física, fumar, la falta de sueño y el síndrome metabólico pueden aumentar el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, la raza y la genética también juegan un papel. Xenia dice que es importante comunicarse con su familia sobre todos estos riesgos.
“Es muy importante conocer la historia de su familia. Por eso le paso todo esto a mi hija”, dice.
2. Haga preguntas y sea su propio defensor
Xenia dice que es esencial presionar para obtener más respuestas y hacer su propia investigación cuando los trabajadores de la salud le digan que tiene un nivel alto de azúcar en la sangre.
Con demasiada frecuencia, dice, ignoraba las advertencias porque no sentía ningún síntoma externo. Y eso significaba que no podía tomar medidas preventivas desde el principio.
“Debería haber sido más consciente y preguntar: 'Bueno, ¿qué quiere decir? ¿Cuál es el nivel de azúcar que debo tener?'”, dice.
3. Acepte la realidad de su diagnóstico
Incluso después de ser diagnosticada, dice Xenia, creyó erróneamente que podía revertirlo con poco esfuerzo. Recuerda haber dicho una vez que tenía “un poco de diabetes” y haber recibido una fuerte advertencia de alguien en el campo de la salud en respuesta. “La diabetes es una enfermedad progresiva, y va a empeorar”, le dijeron.
“Me acuerdo de aquello hasta el día de hoy […] me di cuenta, ah, esto afecta a todo el cuerpo. Puede que no sienta nada, pero le pasa la factura”, dice.
Junto con varios síntomas, las personas con diabetes también tienen un mayor riesgo de enfermedad cardíaca y accidentes cerebrovasculares. Para Xenia, la afección contribuyó a que sufriera insuficiencia renal, lo que la dejó en la unidad de cuidados intensivos de un hospital durante algún tiempo antes de recuperarse.
4. Esté atentos
Es una batalla constante.
Para Xenia, estar atenta significa tomar un puñado de medicamentos para combatir la presión arterial alta y mantener bajo control sus niveles de azúcar en la sangre, incluida la insulina diaria.
“Todas las mañanas, cuando abro los ojos, alcanzo mi medidor de presión arterial. Tomo mi presión en ambos brazos y la registro. Luego, me pincho los dedos para obtener los niveles de azúcar en la mañana y también lo registro. Esto ya es una rutina para mí”, dice.

También va al gimnasio 5 días a la semana y ha cambiado su dieta. Sabe que debe resistirse a volver a comer pan blanco o galletas saladas en el desayuno o a no salir a caminar cuando hace mal tiempo.
“Es una batalla constante”, dice ella.
5. Aprenda a estirar su presupuesto
Xenia, que está asegurada por Medicare, a veces tiene problemas con los deducibles y, a menudo, tiene que pagar de su bolsillo proveedores y medicamentos no cubiertos. Eso puede ser un desafío para sus ingresos fijos.
La diabetes tipo 2 impone una carga económica sustancial tanto en el sistema de salud como en las personas, como encontró un estudio de 2013 del American Journal of Preventive Medicine.
“Si no tuviera todos estos medicamentos, la mayor parte de mi dinero sería para mí”, dice Xenia. “Aprendí a hacer malabares. Simplemente estiro, estiro y estiro”.
6. Un nutricionista puede ayudar
Una vez que llegó la gravedad de la diabetes, supo que tenía que comer de otra manera, pero no sabía cómo hacerlo. ¿Debería comer menos? ¿Debería comer alimentos diferentes?
Cuando crecía, en Panamá, Xenia odiaba los vegetales que su madre preparaba para sus comidas y trataba de esconderlos debajo de la mesa. Más tarde, de adulta, le encantaban los dulces, a veces sustituyendo comidas completas con estos.
Las personas deben darse cuenta de la cantidad de azúcar que comen, incluso en bebidas como las gaseosas o debido a los aditivos de varios alimentos, dice Xenia. Agrega que trabajar con un nutricionista puede ser útil para establecer hábitos saludables y aprender sobre vitaminas, proteínas y nutrientes.
7. Obtenga ayuda con una rutina de ejercicios
Puede ser útil trabajar con alguien para crear una rutina de ejercicios y encontrar una variedad de formas de asegurarse de que se haga, dice Xenia. Lo mismo ocurre con el ejercicio, agrega.
Cuando comenzó a modificar sus hábitos de ejercicio, comenzó a caminar por toda la ciudad de Nueva York, pero cuando el clima se volvía frío o lluvioso, no podía hacer ese ejercicio. Ahora asiste a clases de ejercicios aeróbicos de bajo impacto 5 días a la semana y todavía camina.
Pero, dice Xenia, ha descubierto que el ejercicio no es la cura mágica que algunas personas a las que se les ha diagnosticado diabetes podrían suponer inicialmente que es.
8. Cambie sus tradiciones
Para Xenia, el Día de Acción de Gracias ya no se trata de puré de papas, relleno de pan y panecillos. Ahora sus amigos la conocen como "la reina de las ensaladas". Y ha aprendido a gustarle mucho esa nueva etiqueta y forma de comer, dice.

La mesa de un Día de Acción de Gracias reciente reflejó su nueva realidad: “Teníamos pescado. Teníamos un pargo. Teníamos dos ensaladas”, dice ella.
9. Prepárese para un cambio de por vida
Una de las cosas más difíciles de aceptar es que lidiar con la diabetes es una batalla de por vida para muchos, dice Xenia.
Ella recuerda que uno de sus médicos le dijo una vez: “Escucha, siempre vas a usar insulina. ¿Lo sabes, no?”. Ella describe ese momento como "una especie de susto".
Mirando hacia atrás, no se dio cuenta del gran impacto que tendría la diabetes en todos los aspectos de su vida.
"Voy a ser honesta contigo", dice ella, "es una gran lucha".
10. Hágalo lo mejor que pueda
Algunas noches, Xenia permanece despierta, frustrada por su incapacidad para dejar los medicamentos a pesar de sus esfuerzos. Ella dice que a menudo piensa: “¿Cómo llegué a este punto? ¿Y cómo puedo controlar esto? ¿Y por qué no puedo controlar esto?”.
Pero no todo está bajo su control. Y Xenia está aprendiendo a aceptarlo.
Ella hace todo lo posible para comer bien, reducir el estrés, mantener hábitos de sueño saludables y trabajar en su estado físico. Sus objetivos siguen siendo los mismos: algún día no necesitar medicamentos y controlar su diabetes con dieta y ejercicio.
No obstante, mientras tanto, está orgullosa de los cambios que ha hecho para sentirse mejor y mejorar su salud. Y seguirá trabajando en ello, dice.
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